sábado, 6 de abril de 2013

Vuelvo a nacer en el horizonte de tus ojos.

Me desvanecía sentir tu aliento en mi oído,
susurrándome cuentos de amor.
Canciones que narraban la ternura de unos besos
perdidos en la marea alta, sobre la arena,
en aquella playa lejana.
Caminante curioso, te extraviaste una y cien veces
en los alargados surcos de mi espalda
y al pasear tus dedos sobre ese sendero
me reinventabas.
Tus besos, la tinta que pintó palabras intangibles en mi piel,
como si fuera ésta un libro vacío,
páginas blancas siendo colmadas por ti.

domingo, 31 de marzo de 2013

Tus manos, benditas tus manos.

Así corren las certezas,
entre tus labios y los míos.
De los besos que nos dimos
brotan suave ríos de esperanza.

Todas las ciudades me reciben con frío y rostros conocidos,
y de otras me despiden las miradas nostálgicas de quienes bien me aman.

Tuve una semana emotivamente intensa.
Verdaderamente ya es tiempo de dar gracias, respirar y volver.

sábado, 16 de marzo de 2013

AL CARAJO.

Vayanse al CARAJO.
Todos. Con cada una de sus culpas, de sus dedos indices apuntando, sus lenguas cascabeleando, con sus malas actitudes, sus falsos abrazos, su sed de ser victimas del mundo, con sus afectos baratos, sus lagrimas contenidas, su poco interes en el dolor de otros, con sus alegrias rotas.
Ya basta de sus cierres, de sus silencios, DE MIS SILENCIOS, de sostenerme, de limitarme, de no dejarme ir, de dejarme caer, de mirarme con ojos de "ay, pobrecita" y no hacer nada, de ignorar mis palabras, de no tomarme en cuenta, de hacerme un lado, basta de llamarme su segunda opcion.
Largate, dame un respiro, respeta mi espacio antes de que abra los ojos y decida sacarte a patadas de mi propio lugar, de mis ganas, de lo que quiero, porque es mi camino, es lo que busco, son mis errores, mis experiencias, mi dolor. Quiero disfrutar mi dolor sola, no necesito mas compania.
Vete lejos.
Necesito descansar.

jueves, 7 de marzo de 2013

Querer no basta.

Me aceptarás con mis dudas.
Te aceptaré con tus silencios.
Pero hace falta cambiar
para no perdernos el uno al otro.
Voy a pensar menos,
no dar tantos rodeos.
Intenta atender tus pensamientos,
permítete sentir más seguido.
Yo aquí voy a estar, sin dejar de quererte.



A mí me gusta lo que eres.
Me gustaría aún si cambiaras.


¿Y qué soy?
¿Quién soy para ti?
¿Qué tanto sabes de mí?

Suficiente como para saber que eres una persona que ha cambiado.

Mucho, quizás.
Varias veces.
Todo el tiempo.
Y a la vez me siento en el mismo lugar.


Por tonta. 
No te das cuenta de lo que eres. 
De lo que haces.

Mis ojos no pueden verme.

Porque siempre los haces llorar por no ver un jodido espejo.

domingo, 3 de marzo de 2013

Silencios desesperados.

Quiero detenerme a observar el paisaje, a respirar esa luz, pero el mundo me azota relojes contra el corazón que ya desganado se entrega a los torbellinos gritados de aquellos grandes perros negros.
Me contienen las paredes ladrando tristes y amargas notas hambrientas, sedientas, muertas.

sábado, 23 de febrero de 2013

Sin títulos ni etiquetas.

Me acostumbré a su gentil compañía,
a sus palabras que siempre se sabían acomodar solas entre sus enunciaciones,
su mirada que revoloteaba al hablar.

Su tartamudeo,
lo exquisito de su incesable discurso,
las recomendaciones poco comunes de sus gustos en la música, el cine y las letras.

Su peculiar sentido del humor,
su leve impuntualidad -combinando bien con mi impaciencia amable, permitiéndonos encontrarnos a mitad de camino del lugar sugerido para el encuentro-,
el americano siempre agregado a la cuenta del café
y lo tardío de su despedida -después de tres o cuatro adioses como si jamás quisiera irse-.

Extraño a un buen compañero que palabras me faltan para agradecerle tanto en tan poco tiempo compartido.

21.12.12
Editado por segunda vez 11.01.13
Con corrección de estilo y publicado 23.02.13

miércoles, 20 de febrero de 2013

Dos segundos.

A kilómetros de ti. En un lugar que te sería difícil encontrarme.
Con la cintura cautiva en manos de otro, con los labios mojados.
Indeterminada, a la expectativa de sus intenciones que ya me permitía intuir.
Con tu nombre atorado en la garganta y el suyo desbordándose fuera de mi control.
Dos segundos. Nublé la memoria de tus fotografías por dos segundos. A él le bastaron.
Ya lo deseaba, cariño. En ese instante.
En su beso reconocí mis labios. Por sólo dos segundos.
Intentando hacer espacio entre los rostros, fue mi escudo el peso de ti.
Tú de significar compromiso, un antónimo giraste a ser.
Eras intangible, eras sólo aire. Distancia.
Con su ruego me vi tentada a romperme. Peligro.
Mi nombre en voz de otro hombre. Me quebró la voluntad.
Yo con él. Decadencia.
Dos segundos.

Me soñé despierta.