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viernes, 7 de junio de 2013

From way up there, you and I, you and I.


—Se niñero de mis hijos.
—Con una condición.
—¿Cuál?
—Que también sean los míos.

Él me hace refunfuñar, desesperarme y salirme de mis casillas, me jala de mi zona segura y me hace notar que me hace falta mucho por crecer.
Él me hace notar que soy más humana cada día, que vivo con muchos miedos y partes de mí que están rotas o escondidas.
Pero sobre todo, me ayuda a comprender que se puede ser valiente y enfrentar esa oscuridad que atemoriza, aún si las rodillas nos tiemblan.
Porque mientras sentimos que el horizonte sigue lejano, el tiempo siempre nos sobrará para hacer con amor cada acción que emprendamos.

Hoy te vi con otros ojos y me dejé sorprender por un extraño al que aprendo amar cada día más.


"Don't you worry there my honey,
we might not have any money,
but we've got our love to pay the bills.
Maybe I think you're cute and funny,
maybe I wanna do what bunnies do, with you,
if you know what I mean...
Well, you might be a bit confused,
and you might be a little bit bruised,
But, baby, how we spoon like no one else.
So I will help you read those books,
if you will soothe my worried looks,
and we will put the lonesome on the shelf."

miércoles, 24 de octubre de 2012

Ontología de un breve enredo.



Tengo confianza en que eres tú el oído atento que necesito, el tono cálido que me hace falta, el silencio sabio que no poseo, que eres real.
Tengo esperanza en que estar perdido sólo es el medio para encontrarme, que la locura es la fuente más clara de libertad. 
Tengo miedo de evadir a la duda, porque si no me dejara abrazar por el caos no conocería jamás lo abrumador y maravilloso de crear. 
Tengo fe en la amabilidad de aquellos extraños que se atreven a desgarrar el egoísmo y se comparten a través de una mirada, una sonrisa.
Tengo la infinidad de un deseo que no es promesa, porque esas son como el mañana que se posterga cada noche y jamás llega.
Tengo la certeza de no ser finita sino eterna, constante, porque me lo has dicho tú, porque en ti algo se conmueve y existes.
Y existo.

domingo, 18 de marzo de 2012

Esos hombres que nos llenan y nos pierden.


Después de todo, no son tan cucarachas ni bichos ponzoñosos. Así como nos orillan a las lágrimas, nos hacen florecer entre sonrisas.
¿Qué mejor que convinar su compañía con algún plan espontáneo?
Y es que estoy hablando de esos jueves en los que decides hablarle a aquel amigo que hace mucho tiempo no ves, que sorpresivamente se anima a visitarte, se queda horas en tu habitación charlando de nada en particular y terminas en su departamento comiendo pizza, jugando videojuegos y robándole espacio en su cama. Se levantan tempraño en la mañana del viernes, pero deciden seguir en su privado letargo y faltan ambos a sus clases para compartir un poco más de tiempo y sólo reír. Desayunan juntos, te lleva a casa y se va con la esperanza de verte el próximo fin de semana.
Y es que estoy hablando también de la tarde de ése mismo viernes en el que otro chico, hermano menor de un conocido, te ha invitado a hacer alguna cosa en algún lugar y tú has dicho que sí. Es por eso que llegas a tu habitación, después de haber estado con tu amigo. A penas te da tiempo de ducharte y arreglarte, esperando a que pase por ti y comience algo nuevo. Bien podría llamarse una cita.
Pasan la tarde sentados sobre un mantel blanco cerca de un lago lleno de patos, comiendo emparedados que él mismo preparó con anticipación, tomando té dulce y de postre te sorprende con un poco de pan untado con Nutella. Ríen, charlan sobre posturas humanistas, idealismo, existencialismo, discuten sobre política, hablan de música, del cine y se pierden mucho tiempo asombrados por la naturaleza que les rodea, por el viento, los árboles y las hormigas que atentas se encargaron de inaugurar su picnic.
Les llega la noche y sienten frío, se cubren con el mantel pues ninguno ha llevado abrigo. Tarareas un poco y le cantas un par de canciones. Juega un poco contigo, te rodea la cintura estando ambos acostados sobre el suelo. Un cielo nublado falto de estrellas. Él un poco resfriado y tú lo molestas haciendo voz de niña enferma que no puede hablar bien porque su nariz constipada se lo impide. Él ríe, se acerca con técnica y besa tu mejilla. Te comenta la loca idea de intentar ser algo más que sólo amigos. Te callas los impulsos, las palabras y todo. Le propones una idea más loca, la de conocerse un poco más. Maravillosamente pasan otra hora charlando de más cosas placenteras, sin mucho problema. Estar con él te regala la vista de tu primer atardecer en vivo. Te lleva a casa y se despide de ti con una mirada de enamorado.
Y es que verdaderamente les hablo de la noche de ese mismo viernes en que llegaste a tu habitación y aquel amor pasado, a sabiendas de tu nueva suerte, te tienta a repasar las huellas que los construyeron alguna vez. Y cedes gustosa. Sales en busca de él, llegas a su departamento y él ya con seis cervezas encima te saluda muy extrañado de todo, como si no entendiese que realmente estás ahí. Van a comprar algo de tomar, no precisamente leche con chocolate ni agua. En su departamento, el mismo desorden de siempre. Y como siempre, un poco de tu amor por él te impulsa a tender su cama, a ordenar su ropa.
Una película más, como acostumbraban hacerlo. Una botella tras otra y tú estás más consciente que aquel niño que ya ha empezado a quedarse dormido sobre tu vientre, que ya te abraza sin contemplaciones ni pena. Demasiadas risas. Lo demás, si bien excesos, los vuelve a ambos culpables.
La mañana del sábado, el amanecer de tu cuerpo y de tus ojos sobre un colchón que no es tu cama y no eres sólo tú. Tu costado invadido por quien ya ha invadido todo lo demás de ti. Se acomodan las indecencias, se sacuden las incomodidades. Salen a pasear las calles en busca de alimento y terminan por desayunar-comer tacos en un puesto bien conocido de la ciudad. Se dirigen a dar un breve paseo, juntos, ambos, solos, mientras se saben pertenecer un poco el uno al otro. Te atreves a tomarle del brazo, a recargarte en su hombro, él te jala hacia a él unas contadas veces. Unos últimos pasos hasta la esquina del centro de la ciudad y allí se despide de ti sin volver la vista atrás, pero tú tampoco lo haces. Sonríes y caminas de frente, sin pensar en nada más que lo que queda por delante. Unas horas más te compartes a ti misma, compras algo que te alegra el día. Te diriges a casa en el camión que se tarda una media hora más en llevarte por sólo seis pesos.
Y es que estoy hablando de ese mismo sábado por la noche en que llegaste de nuevo a tu habitación vacía, exhalaste el aire que no fue sólo tuyo, respiras el que te pertenece sólo a ti. Entonces el otro a quien amas y te ama de vuelta desde hace más de un año, pero no pueden estar juntos porque la distancia no los deja, te buscó toda la noche, porque en su interior sabía que estabas con quien te supo suya por varios meses y te abarcó de nuevo hace pocas horas. Te dijo que durmieras, porque sabía que estarías ocupada en otras cosas más divertidas, porque te quiere. Te dijo que te odia. Te pidió matrimonio. Te suplicó lo mataras. Se rindió aún con insomnio, porque en sus pensamientos te tenía atrapada. Y sabes que le amas, sabes que hay que hablar.
Después de charlar un rato sin preocupaciones, le pides permiso de amar a alguien más. No al sujeto con quien compartiste más de un par de besos aún frescos sobre tu piel, sobre tus labios. Un permiso para querer a ese chico que te hizo pasar un buen rato sentados en el pasto mirando a unos cuantos patos y tomando té. Te sientes escoria, pero sientes merecerlo. Y eso te hace sentir aún peor, pero sabes que estás mejor que nunca. Porque te dice que no sabe, que no es su decisión. Pero él sabe que sólo te quiere para él. Pero sabe que te ama y que si estar con alguien más te hará bien, entonces intentará soportarlo, hasta que pueda llegar a ti, abrazarte, llevarte lejos, con él. Y tú esperas que todo eso pase, que puedas querer a alguien más, que él nunca deje de estar, que el otro se vuelva en un vago recuerdo feliz, que quien no puede tenerte ahora algún día venga a buscarte, porque es con él con quien quieres estar.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Un pedacito de mí.

Estoy de vuelta en casa.
Ya son vacaciones y hace un par de días retorné a mi hogar en Tabasco, pues estudio en el estado de Puebla.

Revisando unas cuantas cosas arrumbadas en mi habitación, encontré una pequeña libretita que para mi sorpresa contenía unos cuantos escritos de hace mucho, al parecer de inicios de mi secundaria -la verdad es que no estoy segura de cuándo los escribí-.
Me gustaría compartirles uno de los textos breves y bastante simples que encontré por allí.

Realmente no lo considero un buen texto, es bastante suelto y burdo a decir verdad. Una disculpa por ello; no tengo ni la más mínima idea de qué edad tenía cuando lo escribí, probablemente no sabía ni lo que decía, a esa edad no me había enamorado ni una sola vez, eso es seguro.




El amor no es sólo una atracción de ser a ser.
Es sentir, es saber.
Es dar un todo por esa persona.

Hay personas que ven la belleza en unos ojos azules, claros e hipnotizantes.
Otros en unos verdes, transparentes como el agua, sinceros.
Otros en unos miel, dulces y cariñosos. En marrones y cafés.
O en unos oscuros azabache como el cielo nocturno, brillantes como una estrella del mismo cielo.

Ven la pasión en una piel clara, tersa. En pieles morenas, seductoras y atrayentes; en pieles obscuras llenas de color, gratas texturas, agradables.

Huelen el deseo en cabellos lacios como caricias del propio viento, en ondas suaves como las mismas olas del mar, en chinos potentes como un huracán; a la vez, todos sinceros y de formas sutiles.

Cada quien es diferente, cada quien tiene a su quien.
Cada quien siente como quiere,
y tiene su forma de responder.

Hay almas pasivas que esperan al amor y otras aventureras que van en busca de él.
Pero, en fin, es la forma de ser de cada uno lo que nos hace ser quienes somos. Lo que nos hace sentir como sentimos. Lo que nos hace ver como vemos. Lo que nos hace amar como amamos.

No podemos elegir de quién enamorarnos. Aunque sea buena o mala persona a la vista de los demás ese quién. Aún así se ama. Aún así se quiere.

Dicen que los opuestos se atraen, pero siempre en el opuesto hay algo que es igual.
Lo salvaje.
Lo dulce.
Lo sutil o tierno.
Lo agresivo o necio.
Así como en el yin hay yang, como en el bien hay mal y viceversa.
En el opuesto va a haber algo que tú tienes, como algo de él en ti.
Tal vez en una mínima cantidad, pero lo hay.
Sí que lo hay.


Conclusión: parece que desde pequeña jamás fui hecha para escribir en formato de ensayo, sólo obtendría cosas insípidas.

Gracias por leer.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Los buenos momentos de la vida.

Me hacía mucha falta hacer un espacio para mí misma, salir con personas diferentes y aunque es extraño no tener a quién regresar por la noches, en quién pensar, a quién extrañar, todo está maravillosamente bien por el momento.

Desperté por la mañana con la consciencia ávida de volver a vivir mi vida. Salí a pasear a una plaza y terminé comprando muchas cosas: ropa, anteojos, más ropa. Y mañana volveré por más, seguro.
Atraje muchas miradas en ese instante; decidí arreglarme elegante, pero modesta. Inclusive comencé la mañana con una ducha que fue realmente revitalizante para mí y para mi imagen. Hasta mejoró mi autopercepción.

Y después, una noche adorable la cual pasé sentada junto a una fogata hecha de leños secos en el jardín de una inmensa casa muy bella, con un cielo repleto de estrellas y un frío que me hacía sacar vaho por la boca al exhalar mi respiración. Asando pan, salchichas, malvaviscos, comiendo golosinas, trufas, chocolates, gomitas, papas fritas, dulces de tamarindo, panquecitos y pay de frutas con queso. Además de un riquísimo ponche de frutas casero. Contando mil historias, cantando y riendo, jugando cuales niños y creando nuevas memorias.

La noche de ayer transcurrió espléndidamente. Ahora estoy aquí en mi habitación sola con estos recuerdos y con una sensación de satisfacción.

Pienso en él, sonrío y doy gracias de estar justo donde estoy ahora.
Pienso en él y no me interesa más el asunto.
Pienso en mí y soy feliz de nuevo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Valgo más que todos tus miedos.

Es de lo más triste estar rodeado de extraños, que las lágrimas recorran el pasado y las palabras se ahoguen en silencios muertos...


En esta nueva libertad, no sé cómo caminar de nuevo, cuando hace unos días me llevabas de la mano y compartíamos el mismo camino...

Duele darse cuenta de que ahora es más claro el significado de callarlo todo, porque quien esté para escuchar no será el indicado, no serás tú...


Mantente lejos, por ahora, aparta tus ojos de mi vista; no te vuelvas permanencia rota...que mucho de mí ya se haya quebrado. No necesito más pedazos ni fragmentos para juntarles en un todo ajeno y pretender que se ha vuelto mío. No te vuelvas sabor amargo, no nades más profundo en la herida...que yo estaré bien mientras tu nombre no haga nacer al eco que tanto me cuesta ya no retener.

He de soltarte de poco en poco, has de marcharte y llevarte todo lo tuyo...hasta que esté lista para comenzar una vez más. Y he de crecer y sostenerme de mí misma, y escalar hacia arriba, ganar nuevas heridas, que aparezcan cicatrices; volver a querer.

No quiero andar más sobre mis rodillas, no planeo cargar el mismo peso, lastimarme con el mismo sonido zumbante los oídos...

Tu sombra no ha de retumbar entre las paredes de mi cuerpo; me pertenezco.

He de no hacer juicios, dejar de incluirte en mis oraciones, sacarte del primer plano, de permitirte ser protagonista de mi vida...


Reclamaré mi lugar con un volumen de voz tan alto como el sonido de mi corazón latiendo por un nuevo amanecer.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Saber que no se es.

Muchas son las cosas, situaciones, pasatiempos, gustos que disfruto y he adoptado con el tiempo y la experimentación personal.

A veces creemos que las cosas que hacemos, lo que nos gusta, los aspectos con los que mantenemos un contacto frecuente nos determinan o definen. Es importante entender que uno no es lo que hace, uno no es los demás, que no se es lo que resulta agradable y que tampoco somos nuestros propios miedos y temores.

Me gusta tomar fotografías, pero no soy una fotografía y no soy fotógrafa.

Me gusta caminar las calles, pero no soy camino.

Me gusta sentir el aire jugando entre mis cabellos, pero no soy aire ni juego.

Me gusta la noche, pero yo no soy la noche ni soy la luna ni seré las estrellas. No soy brillo y no seré la oscuridad del cielo.

Disfruto la cercanía de personas alegres alrededor mío, pero no soy alegría. Y me enamoran las miradas tristes, aunque no puedan ser mías.

Me gustan mucho las gardenias, esos ramilletes que venden en los cruces citadinos, pero yo no soy ni seré ese sutil aroma que desprenden con dulzura.

Me gusta sentir que algo es mío, pero a veces ni yo misma me siento pertenecer.

Me gusta creer que puedo hacer las cosas diferentes, no sólo para mí sino para los demás, pero la verdad es que por ahora yo no soy el cambio y mucho menos soy la diferencia.

Disfruto de jugar baloncesto. Yo no soy la pelota, ni mis tenis, no soy la cancha, ni el deporte mismo.

Me gusta pasar el tiempo a solas y no soy el tiempo y no soy soledad.

Me siento bien al sólo callar y apagar mis pensamientos; no soy silencio.

Suelo pasar las noches y los días sólo divagando y mucho de mi tiempo se vierte en letras publicadas (en Blogger o Twitter, a veces en blocs de notas), mas yo no seré ninguna red social. Tampoco soy las palabras que puedo escribir y pensar, no soy pensamiento. No soy ensayista, no soy escritora y tampoco filósofa.

Me gusta consumir algunas ideas que me brinda la sociedad para sentirme pertenecer a algo que es de mi agrado, pero no soy nada de lo que consumo e inclusive hasta los ideales que he adoptado, tampoco soy esos ideales.

Pasar el tiempo bordando cenefas con hilos, escribiendo mensajes en ellas. No soy aguja, no soy tela.

Disfruto del placer que me provocan ciertas fugacidades efímeras, ¿podría ser yo fugaz y breve?

Y si no soy la lluvia, no soy lo cálido de un cobertor por las noches, si no soy lo que puedo comer, no soy lo que veo y no soy lo que escucho, ¿soy lo que siento? Y si no queda más para intentar definirme, ¿soy tan sólo intensión? Una intensión más agregada a un conjunto de otras intensiones. Pero no soy intensión y no soy sentimiento.

¿Qué es lo que tengo, entonces, con qué me quedo yo? Si fuese una pregunta fácil de contestar quizás no tendría tanto sentido el buscar. Y supongo que ahora eso no es tan importante, pues, mientras sepa reconocer lo que no soy la confusión no me robará lo que sí soy.

Como esconder un secreto o un tesoro, si desconoces su paradero será más difícil ante los otros hallarlo. Y también podrías pasar por su localización y no saber que está allí escondido tu secreto, quizás no deba ser hallado a menos que fuera por coincidencia o destino.

Sé algunas cosas qué no soy por ahora: no soy música, no soy novelista, no soy caricia, no soy un beso, no soy tinta, no soy color, no soy luz y tampoco soy penumbra, no soy superficie ni profundidad, no soy el mar, no soy oxígeno, no soy lo magnífico, no soy agua, no soy un abrazo, no soy este instante que ya ha pasado, no soy presente, definitivamente no soy suspiro ni respiración, no soy orden ni equilibrio y temo decir con sospecha que tampoco soy el caos.

viernes, 13 de mayo de 2011

Improvisaciones frustradas, rayitos de luz y otras irrealidades verídicas.

Y te marqué muchas veces al celular aún cuando irremediablemente la llamada se seguiría desviando y enviándome a tu buzón. No quiero ni suspirar.

Y sólo quería decirte que te extraño, aún cuando no ha pasado más de una hora desde que nos despedimos, y que me arrepiento del momento en que me dijiste adiós a la hora de la salida; debí detenerte, abrazarte muy fuerte y ya, sólo eso. Ese beso apresurado que me diste sólo alimentó mis ganas de estar contigo; no debiste hacerlo si no pensabas besarme bien, de nuevo. Y sí, me estoy quejando, culpándote de lo que siento, culpándote infantil e injustamente porque obviamente nada de esto es tu culpa o tu intención -es más, jamás te cruzaría por la mente la posibilidad de lo que me sucede-.

A veces me siento inestable, dispersa, desconocida.

Este día no ha sido muy bueno, ya van varias veces que emito quejidos.

Al llegar a casa me preguntó mi hermana que si cómo me había ido, en el día o en el examen que presenté hoy, supongo. “Me fue bien”, le dije. “¿Y cuáles son tus planes para hoy?”, continuó preguntando. “Nada”, le respondí. “Nada como hice el fin de semana pasado, y el antepasado, y el anterior al antepasado, y como haré el próximo, y el que le sigue al próximo”. Creo que no me escuché tan optimista. “¿Por qué?” No hay una razón especial, pude haber mencionado ante su pregunta, mas habría sido mentira. Aunque la razón no tiene razón de ser en sí y eso porque es esencialmente absurda -o al menos así me parece ahora-, por lo que no la pienso ni comentar. Quizás mis “nada” no deban tomarse tan literales, pero en sí se sienten literales.

La verdad es que ya estoy harta. Me siento cansada de no hacer nada, quiero hacer algo con mi tiempo: salir, divertirme sin ti, con mis amigos o sola; ¿será muy contradictorio o confuso si digo ahora que también es verdad que no me siento con ánimos de salir y hacer algo divertido con mis amigos, que quiero estar contigo y sólo eso? Quizás sería confuso hasta para mí.

Quizás quiero hacerlo todo y la intención ambiciosa me nubla el ánimo.

Quiero escuchar música en español -raro en mí-, pero no quiero decirle adiós al silencio del cual pocas veces puedo disfrutar en esta casa y que justo ahora lo siento embriagarme los sentidos; la ausencia de ruido me acaricia, la respiro, casi puedo saborear al silencio, lo contemplo a mi alrededor, mis oídos atentos descansan en él.

Cierro los ojos por un momento, necesito descansar. Siento latir mi estómago; estoy consciente de que sólo es la prolongación del palpitar de mi corazón a través de la porción de la aorta abdominal en mi cuerpo. Después comienzo a sentir una presión no tan agradable en la boca del estómago y el esófago; recuerdo haber comido un emparedado de jamón de camino a casa -luego de haber salido de la escuela, decidir ir al cine que estaba cerrado, y retornarme en el camino a casa-. Mi nariz se hunde en la almohada; el respirar se vuelve extenuante, incluso agobiante. Ya no quiero.

“¡Estoy deprimida!”, le grité a mi hermana desde la habitación en el momento en que la escuché despedirse de mí justo antes de irse a su cita con el odontólogo.

Hasta parece gracioso, posiblemente lo sea. En mi intento por salir de la monotonía contemplé por unos minutos la idea de hacer algo, lo que fuese. Yendo a casa, después de pensarlo un buen lapso, me animé a mitad de camino a desviar de su ruta a Sammy: “¿Qué tan lejos queda el cine?” No sé qué clase de pregunta fue esa que le hice, pero sabía que la secuencia consecuente de preguntas me llevaría a decirle que me llevase al cine. Ver una película, sin compañía, ¿por qué no? Pues no porque cuando llegué a la plaza no pensé en la hora, era bastante temprano y la mayoría de establecimientos, incluido el cine, se mantenían cerrados. “Genial”, pensé con sarcasmo. “Murphy, mi estimado amigo, te deseo que te pudras tú junto con todas tus leyes”; mi estado de ánimo se pudo haber resumido en algo como eso, hipotéticamente y de manera figurada. Era de esperarse que justo cuando actúo impulsiva y sin control me resulten mal las intenciones primerizas.

Por supuesto que llamé a Sammy para que fuese a buscarme; la pena en su más alto nivel se autoproclamó como mi nombre e identidad en ese instante. La vergüenza que me da con él haciéndolo ir y venir es innegable, y es que el que sea chauffeur y le paguen por eso no me alivia de lo que le hago pasar. Puede que no sea tan grave mi actuar, pero nunca me ha gustado “hacer uso” de una persona; me gustaría verlo más como un amigo haciéndome favores a menudo -quizás ayudaría decirle que, en secreto, mi hermana y yo con cariño le nombramos “Sammy”-. Samuel es una buena persona.

Mi hermana me escuchó decir “deprimida”. La escuché decirme algo en respuesta a lo que exclamé en su partida, no recuerdo qué. Me puse de pie y salí de mi habitación con la actitud de una niña pequeña que se siente mal -la misma se tornó en mi tono de voz-, caminé hacia ella con los brazos extendidos y la mirada vidriosa, borrosa por las nacientes lágrimas que de poquito a poquito se acumulaban sobre el borde de mis ojos. Me abrazó, “no estés triste”. El taxi esperando fuera de la casa y ella diciéndome cosas bonitas como: “¿No quieres venir conmigo?” Sí, eso es bonito. No, no la acompañé. Creo que muchas cosas en este mundo están sobrevaloradas; el amor de una hermana nunca entrará en esa clasificación. No puedo describir realmente todo lo que me hace pensar y sentir; confieso que si a alguien he llegado a considerar como un modelo a seguir es a mi hermana mayor, la admiro pues actúa bien su papel en la obra. No es perfecta, pero le funciona el ser ella.

Ser uno mismo es lo mejor que uno puede hacer, es lo único que indiscutiblemente hacemos mejor que cualquier otro. ¿No?

¿Estoy deprimida? Estoy triste. Talentos tan bellos como la voz le ha dado Dios a personas tantas en el mundo; ella tiene una voz hermosa y una habilidad musical admirable, es bonita. Ella, la chica linda del colegio que hoy cantó y tocó con su guitarra en el festival. No dudo, es más, es un hecho que por momentos -quizás mi parecer no ha cambiado- deseé ser ella, toda ella. ¿No es eso mezquino? Desear ser alguien más, tomar la vida de alguien más por el puro deseo egoísta, con el celoso pensamiento ácido incesante. No sólo es tristeza lo que soy capaz de sentir ahora.

La inmutabilidad de la esencia. ¿Se nace con ella acaso?

Quiero tomarme un tiempo para mí en ti; despertar del aparente azoramiento que me envuelve insistente.

¿Por qué cambiaré de parecer tan súbitamente? ¿Herencia, puede ser? Me pregunto si algún día tomaré decisiones de manera acertada, ¿serán buenas decisiones sólo por no titubear?

Hay tanto por hacer; para hablar de los días últimos, estos han sido y los que vienen serán también llenos de pena. Pero al mal tiempo, buena cara...eso dicen.

<<No tes triste. Pon musika a todo volumeny kanta y baila y grita. Encierrate bien nomas...besitos.>> A mi hermana se le perdona toda su flojera de escribir bien en los mensajes de texto, cierto es que tiene una ortografía maravillosa y ni hablar de su caligrafía. A mi hermana se le agradece todo, incluidas sus intenciones y ese mensaje que no tardó en llegar a mi celular una vez que ella se ausentó. Y leído el mensaje comencé a escribir lo que ahora está por concluir.

<<Ok te quiero. Mucho mucho muchoa.>> Las letras que están por demás escritas en un mensaje de texto también se le perdonan a un padre, más si el mensaje llega inesperado, tiempo después de haber estado ocupado en junta de trabajo y de haberse enterado de que su hija menor iba a casa, que después iba al cine, que después ya no. Se traduce de padres a hijos como un alivio, sabiendo que la hija iba sin compañía.

"Este día no ha sido muy bueno, ya van varias veces que emito quejidos."

¿Tengo oportunidad de retractarme? Detalles como esos cambian el día, mientras uno escribe.

lunes, 21 de marzo de 2011

Mientras escucho "Moonchild" by King Crimson.

¿Alguna vez has sentido "vacío"?
Este fin de semana ha sido tan...no sé, ahora lo siento distante -y eso que aún no acaba-. Además de que volví a sentir ese "vacío". Hace mucho tiempo que no lo sentía.

Haciendo una recapitulación de los últimos meses en mi vida:
Considerando el hecho de que nunca me he considerado bonita y no soy el tipo de chica que se ve asediada por un pelotón de muchachos en busca de algo más que amistad, tuve algo así como un romance cibernético que de una u otra forma me llevó a estar en donde estoy ahora. Y es que eso de las redes sociales, factor que ahora se puede contemplar como parte esencial de nuestra vida diaria, es honestamente peligroso. Pero ése no es el punto principal de lo que escribo, en realidad es sólo una pequeña parte. Escribo para hablar de mí, sin más.
Retomando lo del romance cibernético, su duración fue aproximadamente de unos tres meses, debo decir que fue bueno y agradable, doy gracias por haberle conocido; no me arrepiento de nada. La verdad detrás de todo es que mientras esta relación con éste lindo chico sucedía -y realmente todo iba muy bien-, un día charlaba (vía msn) con un amigo -al cual considero mi alma gemela por muchas razones que no acabaría de describir aquí y para lo cual se necesitarían muchas entradas del blog- cuando tocamos el tema de las relaciones amorosas y ese tipo de cosas, terminé externándole mi punto de vista respecto a lo que conciliábamos en la charla y al final me di cuenta de algo: yo no estaba siendo fiel a mí misma. Y es que mi concepto de "pareja" es simple o eso quiero pensar: la comunicación es uno de los primeros puntos que me han de interesar, si no puedo entablar una conversación con la persona ya lo veré perdido desde antes de intentarlo. Hablar de cosas interesantes, de cultura y hasta de estupideces incapaces de ser comprendidas. Sólo hablar y no necesitar nada más. No tengo la necesidad constante de recurrir a los besos o muestras de cariño físicas. No, no es que tenga un trauma con respecto a las muestras de afecto, no me aterran, sólo pienso que eso no es la base de una relación. En resumen y para no hacer el cuento más largo, yo busco en una pareja algo más que sólo eso. Bueno, quizás lo resumí pero no lo dejé tan claro, así que lo volveré a intentar: tiene más valor para mí una amistad bien fundamentada -sea cual sea el origen del fundamento- que una relación en vías del concepto actual manejado por las masas. (Así me desvío un poco del tema diciendo que no soy el tipo de persona que esperará rosas rojas en El Día de los Enamorados, mejor que se me sorprenda con una carta cerrada con lacre que diga algo sencillo como "Me gustas, ¿qué haremos el próximo fin de semana?" o algo parecido, sin importar el tiempo que lleve la relación. Digo, me causa horror el saber que la mayoría de las personas, cuando pasan del "Me gustas, ¿quieres ser mi novia?" se aferran al "Te quiero" o al "Te amo" y jamás vuelven a mencionar el simple y maravilloso "Me gustas". ¿Qué? ¿Ya no te gusta más la persona y por eso no lo mencionas de nuevo? Tan simple como recordarlo una vez cada dos mes -aunque la frecuencia dependerá de qué tanto necesita saber la otra persona que le quieres-. Yo pensaría al instante: "Sí, ya sé que te gusto...pero no me harás ningún mal al recordármelo." Y eso aplica a los que ya están en la etapa del matrimonio, cómo no, es igual de bonito. Y ya me dirán si no en los comentarios.) Sí, busco un amigo. Alguien con quien charlar, en quien confiar, con quien no sienta temor de hacer el ridículo y humillarme. Humillarse a uno mismo es bueno, hazlo en dosis pequeñas y serás feliz, en serio. Eso si no te dejas consumir por el orgullo.
Otro punto por el que doy mucha pelea y me parece básico para poder llevar una relación es el actuar como un espejo. Sí, congruencia y reciprocidad serían dos conceptos a manejar en este punto. Pero, ¿por qué menciono lo del espejo? Pues es que el amor no se debe medir, pero sí debe ser recíproco. Así como dices amar a alguien, ¿te amas de igual forma? En mi caso, él me hacía sentir bien, me decía que era bonita, inteligente, educada y muchas otras cosas. A veces uno debe escuchar de la boca de otros ciertas cosas para poder creerlo. Y a veces lo creemos con mayor facilidad si lo dice alguien que no forma parte de nuestro círculo de amistades o familia; qué curiosos somos los humanos. Pero bien, hay otros casos en los que sin importar cuántas veces te lo digan o quién te lo diga, no lo creerás, nunca. Entonces se entiende que existe una barrera que no te permite entender o ver lo que los demás sí pueden. Es que hablan de ti y uno siempre tendrá un concepto tan deformado de uno mismo, cada quien es un mundo y ni siquiera nosotros podemos entendernos. Pues bien, esa barrera eres tú. Sin importar la mucha o poca ayuda que recibas o te brinden, no habrá cambio alguno si tú no cedes un poco. Si en ti no existe el deseo de ser ayudado o cambiar, nada va a cambiar.


TEXTO INCONCLUSO

miércoles, 9 de febrero de 2011

Reflexion después de un arrepentimiento.

Uno es débil antes de pedirle a alguien que no cuente el secreto que le acaba de contar, porque él mismo, primero, no ha sabido quedarse callado.

viernes, 9 de julio de 2010

En perspectiva.

Esta mañana lo primero que vino a mi cabeza al despertar fueron las palabras "huevos con tocino", en serio, no les miento. Realmente fue gracioso para mí ya que no soy alguien a quien de pronto le den esos antojos que parecen no tener razón y, últimamente, he estado desayunando leche, una banana y una que otra galleta pues no soy de madrugar constante (digo, son vacaciones). Sin embargo, el día de hoy fue la diferencia. Habría optado por un cereal con fresas y leche a como hago normalmente, pero ya que la situación no era completamente normal me dije "que sean huevos con tocino".

Justo ahora acaba de surgir una idea en mi cabeza (acabo de cambiar el título del post por lo mismo). ¿Qué tal algo de perspectiva para esta mañana? Es cierto que las cosas, las personas y las situaciones cambian dependiendo del punto de donde les mires. Así, le pondré algo de perspectiva a mi desayuno. Si lo veo desde un lado pesimista y negativo las cosas habrían sucedido más o menos así:
"Huevos con tocino, hm. El tocino no tiene ni una pizca visible de algo sano en él, ¿por qué debería comerlo?" Y siguiendo a mi mente, aún así, lo habría cocinado. Yendo a la nevera por un par de huevos y el paquete de tocino habría notado que nuevamente el foco que ilumina la nevera no estaba funcionando. "Oh, qué bien (sarcasmo). Para colmo tampoco encendí la luz de la cocina, osh. Ahora no veo nada." Con tal de no ir a encender la luz habría buscado a oscuras las cosas, lo bueno que era de día y unos cuantos rayitos de sol se colaban entre las cortinas. Al tener ya el tocino y los huevos para cocinar, por no tomarme la molestia de encender la luz antes, me hubiese regresado hasta donde el interruptor para poder hacer todo bien. Está bien buscar a oscuras, ¿pero cocinar? No, ya sería demasiado. "Maldita luz." Lo siguiente es buscar en donde cocinar las cosas. "Sartén, sartén... Ay, están sucios." La verdad, si hubiese hecho las cosas con esa actitud, no tengo idea de cómo habría resultado todo. No sé si habría buscado un sartén limpio o si hubiese lavado los que estaban ahí. Y ya que no puedo imaginar algo al respecto pasaré a cocinar. "Mantequilla en lugar de aceite para dorar los huevos revueltos. Aceite para dorar el tocino. ¿Qué tanto dañará esto a mi sistema?" Mientras cocinaba -fijándome a la realidad- algo de aceite del tocino saltó y me cayó una gotita en la muñeca. Ahora no se siente nada, pero es casi seguro que en el momento habría dicho "damn!" o algo parecido. Probablemente me habría quejado mucho.
Les cuento que un dolor en la espalda baja me llegó inmediato al despertar, un dolor horroroso. Apuesto que también me habría quejado hasta por los codos del dolor al cocinar, porque bien que me dolía.

Seguramente al tener servida la comida y empezar a desayunar también me hubiese quejado. Si no por la cantidad de aceite o grasa, por el sabor o lo primero que viniese a mi mente. "Sabe feo, como a quemado. Maldita mantequilla. Debí usar menos. [...] Este tocino, no debería comerlo. La buena dieta de días atrás a la basura. [...] ¿Por qué me estoy tomando este yogur? Esta lleno de azúcar. Ni si quiera es el que me gusta. Qué horror. Debería tomar leche, agua, algo diferente y no esto. [...] Este maldito dolor en la espalda. Debí poner atención al trabajo de las vértebras de la clase de anatomía. [...] Bla, bla, bla, bla, bla." Sí, probablemente habría sido algo así.
Pero ahora les cuento lo que realmente pasó:
Esta mañana al despertar lo primero que vino a mi mente fueron las palabras "huevos con tocino". No es algo que suela desayunar. Es más, ya tiene años desde que un paquete de tocino entró a esta casa, años literalmente hablando. A pesar de ello, un paquete entró a esta casa el día de ayer. Puede ser que eso halla motivado al esporádico antojo. También puede ser el que haya cenado algo de tocino la noche anterior. Pero haya sido lo que haya sido, las palabras en mi mente siguen siendo las mismas: "Huevos con tocino". Mi reacción fue reírme un poco del asunto y dejar que el día fuese algo diferente.

Busqué los huevos y el tocino en la nevera, encendí la luz y no recuerdo haberme quejado, limpié los sartenes que pensé utilizar y comencé a cocinar. Mientras el tocino se doraba una pequeña gota de aceite cayó en mi muñeca y habré dicho algo como "ouch" o "sss..." por el dolor, pero nada más. Seguí cocinando y recuerdo que no logré encender una de las hornillas. Lo que hice fue esperar a que una de las cosas estuviera lista, retirar del fuego y colocar el otro sartén -sin quejas-. Serví todo en el plato, lo llevé a la mesa y regresé por algo de beber. Me dio tanta flojera buscar un vaso para servirme leche, mi voluntad no fue tan fuerte para querer algo de agua, así que tomé un yogur bebible y me fui a la mesa. En mi mente había una pequeña voz diciendo que no me bebiese eso, pero le ignoré y lo hice sin remordimiento alguno. "Ya me cuidé como por mucho tiempo. Un día no me hará tanto daño. Soy joven." Algo así fue lo que pensé. Al comer los huevos revueltos sentí un ligero sabor a quemado, pero no le di importancia, no era razón de queja.
Mientras cocinaba y ese dolor de espalda constante me molestaba pensé en dar gracias, pedir perdón y eso que uno debe hacer por las mañanas (quizás así se me iba el dolor por un rato). Hace unas semanas lo hacía a diario, pero se me fue olvidando y hoy recordé que era importante hacerlo. Di gracias y pedí perdón y, siendo sincera, me quedé a medias en la oración porque estaba hambrienta -la verdad es que aún no termino de orar, pero en cuanto termine de escribir lo hago-. La misma oración que nació por el deseo de olvidarme del dolor de espalda me llevó a pensar en que muchos no tienen qué comer ni qué beber, no tienen casa u hogar, inclusive muchos no tienen ni el amor con el que uno ha sido bendecido. Ese amor y cariño que puede muchas cosas tales como reducir la importancia de las otras carencias materiales. Hay que ser agradecido y pedir por los demás; eso es lo que pienso justo ahora. (Una reflexión en la mañana no viene mal. Ni yo me la esperaba.)

Regresando a lo que el título pretendía, ¿ven la magia de la perspectiva? Yo sí.
No acostumbro ser tan positiva como creo me leí en estos últimos párrafos, pero es bueno un cambio de vez en cuando. (También escribí esto porque tenía mucho que no lo hacía -me refiero a escribir-.)

Cuando crean que están teniendo un mal día o que no podría existir algo peor, créanme, sí podría ser peor y no están en el hoyo más profundo ni más oscuro, están bien. No se fijen en lo molesto de sus días sino en los instantes que los hacen maravillosos y diferentes porque ningún día es igual. Sean siempre agradecidos, siempre. Aprecien un "buenos días" y una sonrisa que, a pesar de ser gratis, tiene un inmenso valor y desgraciadamente en este mundo no se le regala a cualquiera. Caminen por la vida con la mirada en alto y seguros de sí mismos, porque todo lo demás es incierto y la fortaleza de uno crecerá tanto como uno mismo quiera. El único capaz de establecerte límites eres tú mismo. Sobretodo aprender, aprender de los errores y también de lo bueno. Parecerá repetitivo y nada original, pero es la verdad. Seguramente es por esa razón que se escucha tanto y aún así no se presta la debida atención a lo dicho. Para no hacer el cuento largo les resumo y recomiendo que cada mañana se tomen una pildorita de optimismo, busquen las cosas positivas en los demás y en ustedes, aprovechen sus virtudes y fortalezas sin dejar de lado las debilidades porque esas, siendo parte de cada quien, también se pueden trabajar para bien.

Finalmente, cuando se vean a oscuras y les sea difícil encontrar ese rayito de sol que ilumina todo, deténganse a respirar un poco, a pensar y a hacerse un favor: agreguen a sus días algo de perspectiva.

martes, 5 de enero de 2010

Incertidumbre.

Es curioso cómo alguien que no conoces puede hacerte dudar tanto y de tantas maneras.

domingo, 2 de agosto de 2009

Un nuevo camino con destino incierto.

¿Cuál es el fin de escribir un blog?
Creo que cada uno tiene una respuesta para esa pregunta muy a su punto de vista.

En mi caso, hace tiempo creé este blog porque se me hizo algo interesante y nuevo para mí. Veía que ciertas personas que conozco, y que no conozco también, contaban con blogs en los que escriben cualquier cosa que se les venga a la mente y que es de su interés. Quizá algunos otros pretenden encontrar personas con ideas y gustos parecidos o semejantes a las de ellos.
Resulta ser que en este mundo hay tantas personas con tantas ideas diferentes que muchas de ellas suelen coincidir en cierto punto. Y es así como se hacen las similitudes y las opiniones compartidas.

No estoy exactamente segura de lo que intento encontrar o descubrir al escribir un blog.
Puedo decir que me gusta el simple hecho de escribir y ya. Escribir cualquier cosa: un ensayo, un cuento, una carta, documento, tareas, notas, en prosa o en verso. En general, me gustan las palabras y esa es una de las razones por las que me gustaría ser escritora en un futuro. Puede que no como una profesión fija y de tiempo completo, pero, si soy capaz de hacerlo por un momento en mi vida sé que podré satisfacer ese deseo de expresarme.
El poder de la palabra es infinito como la voluntad de uno mismo y las palabras nos permiten expresarnos. Expresar lo que sentimos, lo que queremos, lo que nos parece y lo que no. Las palabras forman oraciones, las oraciones forman párrafos, los párrafos crean ideas grandes y bellas. Tan grandes como una novela y tan hermosas como un cuento o un poema.
Realmente me gustaría escribir algo como una novela. Algo que agrade a los demás y que venga de mi. De mis ideas, de mis palabras.

Como he dicho, hace tiempo ya que había creado este blog. El hecho es que no tenía ninguna entrada porque estaba buscando un tema específico e interesante del cual yo pudiese escribir. Probablemente en esa razón había un poco de miedo escondido. Miedo a comenzar algo nuevo. Miedo a que aquello que yo escribiese no fuese del gusto de otros, que no fuera del todo interesante. Temerosa de no ser capaz de expresarme a través de aquella herramienta tan poderosa que me fascina tanto.
Ahora me doy cuenta que aquellas preocupaciones no son lo importante. De tantas personas en el mundo con tantas ideas, debe haber alguien que comparta por lo menos una palabra de lo que escribo. Tan siquiera esa coma que hace una breve pausa o el punto al final de la oración.
Si hay un lugar dónde comenzar, es éste. Si pretendo expresar lo que pienso, pensaré con libertad. Si las ideas que fluyen en mi cabeza están un poco revueltas, me tomaré mi tiempo para acomodarlas poco a poco y cada una tendrá su lugar. Si existen sentimientos que no comprendo, los tomaré de mi pecho para plasmarlos en palabras y así leer cada uno hasta encontrarles sentido. Si lo que quiero es recordar, escribiré mi día a día. Si lo que quiero es escribir, éso es lo que haré.