jueves, 7 de marzo de 2013

Querer no basta.

Me aceptarás con mis dudas.
Te aceptaré con tus silencios.
Pero hace falta cambiar
para no perdernos el uno al otro.
Voy a pensar menos,
no dar tantos rodeos.
Intenta atender tus pensamientos,
permítete sentir más seguido.
Yo aquí voy a estar, sin dejar de quererte.



A mí me gusta lo que eres.
Me gustaría aún si cambiaras.


¿Y qué soy?
¿Quién soy para ti?
¿Qué tanto sabes de mí?

Suficiente como para saber que eres una persona que ha cambiado.

Mucho, quizás.
Varias veces.
Todo el tiempo.
Y a la vez me siento en el mismo lugar.


Por tonta. 
No te das cuenta de lo que eres. 
De lo que haces.

Mis ojos no pueden verme.

Porque siempre los haces llorar por no ver un jodido espejo.

domingo, 3 de marzo de 2013

Silencios desesperados.

Quiero detenerme a observar el paisaje, a respirar esa luz, pero el mundo me azota relojes contra el corazón que ya desganado se entrega a los torbellinos gritados de aquellos grandes perros negros.
Me contienen las paredes ladrando tristes y amargas notas hambrientas, sedientas, muertas.

sábado, 23 de febrero de 2013

Sin títulos ni etiquetas.

Me acostumbré a su gentil compañía,
a sus palabras que siempre se sabían acomodar solas entre sus enunciaciones,
su mirada que revoloteaba al hablar.

Su tartamudeo,
lo exquisito de su incesable discurso,
las recomendaciones poco comunes de sus gustos en la música, el cine y las letras.

Su peculiar sentido del humor,
su leve impuntualidad -combinando bien con mi impaciencia amable, permitiéndonos encontrarnos a mitad de camino del lugar sugerido para el encuentro-,
el americano siempre agregado a la cuenta del café
y lo tardío de su despedida -después de tres o cuatro adioses como si jamás quisiera irse-.

Extraño a un buen compañero que palabras me faltan para agradecerle tanto en tan poco tiempo compartido.

21.12.12
Editado por segunda vez 11.01.13
Con corrección de estilo y publicado 23.02.13

miércoles, 20 de febrero de 2013

Dos segundos.

A kilómetros de ti. En un lugar que te sería difícil encontrarme.
Con la cintura cautiva en manos de otro, con los labios mojados.
Indeterminada, a la expectativa de sus intenciones que ya me permitía intuir.
Con tu nombre atorado en la garganta y el suyo desbordándose fuera de mi control.
Dos segundos. Nublé la memoria de tus fotografías por dos segundos. A él le bastaron.
Ya lo deseaba, cariño. En ese instante.
En su beso reconocí mis labios. Por sólo dos segundos.
Intentando hacer espacio entre los rostros, fue mi escudo el peso de ti.
Tú de significar compromiso, un antónimo giraste a ser.
Eras intangible, eras sólo aire. Distancia.
Con su ruego me vi tentada a romperme. Peligro.
Mi nombre en voz de otro hombre. Me quebró la voluntad.
Yo con él. Decadencia.
Dos segundos.

Me soñé despierta.

martes, 11 de diciembre de 2012

Hola. Mucho gusto.

Hace falta la calidez de un bien querer, que por las noches te construya un hogar entre sus brazos, te sostenga, te coma las penas de tus ojos a besos y sople muy lejos con su aliento esos tus miedos que tanto te aterran las ganas, ponen de rodillas tus esperanzas; por las noches se acueste a tu lado y temblando tu cuerpo de dudas le supliques cuidar de ti, hacerte desaparecer, evaporarte lento, volver a sus ojos calmados, sinceros.
"Cierra la puerta."
"Nadie va a entrar."
"Cierra la puerta."
"Nadie va a entrar".
"Ciérrala."
"¿Por qué?"
"Ciérrala... Por favor."
Y aunque nadie en el mundo fuese a atravesar la puerta de aquella reducida habitación, se puso de pie, cerró la puerta y volvió con prisa a colocarse por un lado para reconstruir tiernamente la seguridad que con sus brazos podía regalarle a aquella frágil criatura.


Ten mis mejores besos,
el frío de mis manos nerviosas e inquietas.
Ten un presente que amarra
de mí una parte a tu cuello.
Ten una manga empapada con sales,
un hombro mojado.
Ten un buen viaje de vuelta a casa.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Ontología de un breve enredo.



Tengo confianza en que eres tú el oído atento que necesito, el tono cálido que me hace falta, el silencio sabio que no poseo, que eres real.
Tengo esperanza en que estar perdido sólo es el medio para encontrarme, que la locura es la fuente más clara de libertad. 
Tengo miedo de evadir a la duda, porque si no me dejara abrazar por el caos no conocería jamás lo abrumador y maravilloso de crear. 
Tengo fe en la amabilidad de aquellos extraños que se atreven a desgarrar el egoísmo y se comparten a través de una mirada, una sonrisa.
Tengo la infinidad de un deseo que no es promesa, porque esas son como el mañana que se posterga cada noche y jamás llega.
Tengo la certeza de no ser finita sino eterna, constante, porque me lo has dicho tú, porque en ti algo se conmueve y existes.
Y existo.

viernes, 5 de octubre de 2012

No todas las ausencias son sufribles.

No entiendo qué pasa. Todo parecía ir muy bien, tanto que se sentía extraño, me sentía fuera de mí.
Y no sé por qué has venido a dolerme esta noche, disfrazado de notas musicales, de filosas melodías. Eres una voz ahogada que ya no sé reconocer.
Supongo que me has pasado ya a otro plano menos importante en tu vida, que ya no soy parte de tu dibujada monotonía.
¿Cómo va todo? Imagino que has de estar ocupado en muchos proyectos nuevos y seguro tienes más tiempo para ocuparte de ti mismo.
El tiempo se me ha pasado muy lento; un mes se volvió eterno. ¿Has dejado de extrañar mi compañía? ¿Te has dado cuenta de mi ausencia? ¿Dejarme ir, lo has hecho ya?
Tendrías que haberlo notado; que existen personas dispensables, que hay nombres que se borran con el tiempo, que las caricias son finitas y de tantos recuerdos perdidos no se rescata nada importante.