lunes, 17 de octubre de 2011

Tengo un deseo.

Deseo escribir una historia en la cual el personaje principal lleve por nombre "Ausencia".

Es todo.

domingo, 16 de octubre de 2011

Imposible dejar de extrañarte.


Aquí estoy atiborrada de hojas encuadernadas, de libros y lapiceros, muchos deberes pendientes; todas mis prioridades reales enredadas entre las letras de tu nombre.
Volviéndome verdad ante ti, intentando lucir mi mejor sonrisa, mostrando mi más transparente mirada con la ilusión de hacer que me ames aunque sea un poco más; sólo quiero que a pesar del temor que yace en mí puedas atravesarme toda con tus ojos.
Qué deseo tan bizarro el querer convertirme en aire, en vapor de una fragancia agradable a tus sentidos; quiero que me respires poco a poco, lento, lucha por contenerme dentro tuyo y no me exhales nunca más. Aunque te duela, ámame.

domingo, 2 de octubre de 2011

Y aunque muera de ganas, yo ya no pienso buscarte ni para ver lo que es eterno.

¿Me pregunto cuántas veces has mencionado mi nombre en estos días? ¿Te he pesado tanto como para no poder cargar conmigo en soledad?
Mientras la distancia a ti te pudo abrir los ojos, a mí me rompió en cachitos al amor.
Pero con todo y el riesgo de quedarme sin palabras, de retractarme, prefiero hablarlo todo de frente.

Masoquismo.

Tú tan enamorado de tu música y tu libertad. Sientes que me tienes ya ganada; tristemente piensas bien, pues aquí me tienes. Tristemente me siento cansada, aquí estoy parada frente al borde contemplando el abismo frente a mí sin tener la fuerza de saltar, esperando que vengas y sujetes mi mano para impedirlo. Tristemente quiero creer en algo que sé no sucederá.
Yo tan enamorada de los recuerdos y de ti, de tus defectos que terminan pareciéndome agradables o no tan desagradables. Aquí en la distancia que dejamos crecer, que me regalaste sin consultarme. Yo te sigo esperando, tan estúpida, tan débil, con los ojos abiertos y tan ciega.

¿Qué hago aquí bajo tu ventana abierta, sólo esperando que pienses en asomar el rostro, sólo esperando que me busques con la mirada perdida hasta encontrarme?

Una vez más me he venido abajo para volver la mirada hacia ti.

Me he olvidado un poco de lo que pretendo al escribir tanto. Hasta me siento desentendida al encontrarme huyendo de ti, evitando un contacto directo. ¿Cuál era el objetivo?
Me sorprendo siempre pensando, entre la amargura de toda esta situación, aún imaginando el momento en que casarnos pueda ser no sólo un pensamiento ilustrado de mi mente. Pero eso no será nunca lo que tú desees. No lo creo. Y tampoco yo, sólo recurro a ello de vez en cuando porque me doy la oportunidad de sentirlo tan real.

¿Entonces qué soy para ti? Esa es sólo una pregunta estúpida.

Toma valor de correr hacia mí y sujetarme fuerte, si tan suelta me ves, tan tambaleante. ¿Podrías lograr que me aferre a ti con la fuerza de tus manos sobre las mías, sobre tu pecho?
Sé tajante, amor mío, ven y disipa la cobardía de todos estos días. Ahoga todo el orgullo, vuélvele opaco en tus labios. Borra de nosotros todo rastro de la palabra miedo, que todavía te anhelo.

sábado, 1 de octubre de 2011

Muchas cosas ya fueron, muchas más no serán.

Pasar la noche planeando cómo terminar esto, ensayar las palabras consciente de que no podré nunca repetirlas igual.
Aún no sé cuándo y lo peor es que él podría no tener ni idea.
No creo no llorar, pero creo que estaré mejor así.

Tengo miedo de flaquear y no hacerlo. De verle a los ojos y sentir miedo. De quebrarme y llorarle cuando no quiero y sí quiero que me vea así, frágil, necesitada de algo que podría no ser él y a la vez sí.

Y de alguna manera le siento como un niño incapaz de cuidarme y de hacerme sentir segura, de saber quererme, porque quizás sepa querer, pero su manera de hacerlo no me va.
No me llena.

Temo no hacerlo, vivir y quedarme en los recuerdos. Porque le dejé tomar de mí mucho, se lo di y eso hace aferrarme a él.
Pero eso ya fue, ¿qué hay del ahora?

Aquella ciudad fue linda, fue buena e hicimos muchas cosas juntos. Pero esta no, esta ciudad me ha lastimado, han sido lágrimas que no se han limitado a la noche.

Y me fallé a mí misma al dejarme quererle así, tanto, y al ser ciega y culparme, y al perdonarle sin olvidar.

Del amor a lo indefinido.

Qué pena que aún sin ganas de saber de ti continuó detrás tuyo.
Qué pena saberme perdida en el tiempo pensándote.
Qué pena que no me busques, qué pena estar esperando.
Qué pena saber sin conciencia que se acerca el final.
Qué pena planear cómo acabar con lo nuestro.
Qué pena tener que acumular las lágrimas para el momento.
Qué pena sentir miedo.
Qué pena que creyeras que necesitaba un tiempo para mí cuando lo que necesitaba era no sentir más tu ausencia.
Qué pena que no supiste encontrarme.
Qué pena que no sintieras la necesidad de volver a mí, qué pena pensar que lo harías en el momento adecuado y al final no lo hicieras.